Durante el Renacimiento, la barbería comenzó a experimentar un cambio significativo, impulsado por el avance de la medicina y el creciente interés en la estética personal. Este periodo marcó el fin de la figura del barbero-cirujano y dio paso a una profesionalización del oficio, centrada exclusivamente en el cuidado del cabello y el afeitado.
Profesionalización del Barbero
Inglaterra (1745): La creación de la Compañía de Cirujanos marcó la desvinculación oficial entre los barberos y los cirujanos.
Francia: Los barberos comenzaron a agruparse en gremios especializados, desarrollando nuevas técnicas de corte y afeitado.
Nuevas Técnicas y Herramientas
Navajas de acero más afiladas y resistentes, que permitieron cortes precisos y menos dolorosos.
Brochas de afeitar hechas con pelo de tejón o cerdo, que facilitaban la aplicación de espuma y ablandaban la barba antes del rasurado.
Jabones y cremas perfumadas que hicieron el afeitado más placentero y redujeron la irritación de la piel.
Barberías como Centros Sociales y Culturales
En ciudades importantes como París, Londres y Florencia, las barberías se convirtieron en establecimientos sofisticados, frecuentados por la nobleza y la burguesía.
Transformación del Poste de Barbería
El rojo seguía simbolizando la sangre, y el blanco las vendas, pero el contexto quirúrgico se desvaneció, dejando solo el legado visual.
